Lobulo frontal: alzheimer y alcoholismo

22 Oct Lobulo frontal: alzheimer y alcoholismo

En la enfermedad de Alzheimer, se producen lesiones en la corteza cerebral, y los lóbulos frontal y temporal son los que más afectados resultan. Con ellos, las funciones motoras, el lenguaje, la capacidad de razonar y resolver problemas se alteran por la acumulación de placas seniles y ovillos neurofibrilares en donde debería haber células. Se cree, además, que el origen de la enfermedad se localiza precisamente en el hipocampo, que es una parte del lóbulo temporal, una zona fundamental para la memoria. De hecho, un diagnóstico de Alzheimer es más claro si se realiza un escáner del hipocampo, ya que este suele atrofiarse y quedar desconectado de la corteza cerebral, por lo que las interconexiones neuronales dejan de funcionar.

En el lóbulo frontal, por su parte, se llevan a cabo las llamadas funciones ejecutivas, que son las que nos ayudan a tener pensamientos abstractos, como por ejemplo planificar un comportamiento y llevarlo a cabo, o saber qué es lo que se puede hacer en público y qué no. En el alzhéimer el lóbulo frontal se atrofia y degenera, de modo que el enfermo deja de saber con qué opciones cuenta, qué cosas se deben o no hacer, se ve incapaz de afrontar situaciones nuevas o de procesar información nueva, y puede convertirse en una persona irrespetuosa e irreverente. De ahí que los daños que se producen en esta parte de la corteza cerebral provoquen que el enfermo tome decisiones perjudiciales para sí mismo.

El efecto nocivo que el alcohol puede producir si se bebe excesivamente comienza primero en el lóbulo frontal del cerebro, que aloja los centros reguladores de las emociones y de la conducta (Cormillot y Lombardini, 1994: 96).



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